Aquellas viejas palabras, que envueltas en sabor de aventuras y romanticismo, aquellas que reflejaban sabores de sal, de oros y ron, aquellas ya viejas palabras, vuelven a resurgir en las notas de prensa y asaltan desde sus bordas nuestras televisiones, aunque por suerte sin llegar a colgarnos de las garcías o lanzarnos al mar desde las planchas para cruzar las quillas de aquellos galeones abanderados con bandera negra, tibias cruzadas y sonrientes calaveras.
Aquellas, han regresado a nuestras vidas con un aspecto igual o más cruel que sintieron aquellos navegantes de esas viejas épocas. La realidad nos ha despertado volviendo hacernos ver que las miserias del ser humano, pueden llevar a este al uso de recursos que nosotros pueblo civilizado consideramos inmoral e inhumano, pero que desde los ojos de esos jóvenes somalíes no es más que un simple recurso de poseer aquello que cansados de ver desde sus televisores, nosotros los europeo ya disfrutamos.
Es claro que ya debimos pensar en soluciones para el tercer mundo, y es evidente que estas ya debían haber llegado hace mucho tiempo, será entonces que esta es nuestra aportación a su bienestar, dejar que capturen barcos para obtener ese dinero que nunca les hemos dado. Si esa es la respuesta que podemos aportar, no podemos negar que nuestra estupidez esta alcanzando límites insospechados.
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